
Estreno absoluto en la Plaza de los Artesanos de la Casa Museo del Campesino, de los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote.
19 de septiembre de 2026 a las 12h.
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Futura Cultura Lab, en coproducción* con los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote, presenta «CAMPESINA, campesina», una creación escénica con idea, dramaturgia y dirección de Quino Falero, música de Benito Cabrera y coreografía e interpretación de danza contemporánea de Vanessa Medina y Ángeles Padilla.
Concebido como espectáculo de calle, la creación escénica construye un universo visual y coreográfico donde tradición y contemporaneidad se entrelazan. Las danzas tradicionales canarias constituyen el sustrato desde el que se desarrolla un lenguaje escénico actual, mientras la imagen de la campesina protegida del sol por la amplia luneta de su gorra tradicional sitúa la obra en la raíz visual, paisajística y emocional de Lanzarote. Canarias aporta su memoria cultural y coreográfica; Lanzarote, la indumentaria, la relación con la tierra y el paisaje humano desde donde nace su narrativa visual y poética.
«CAMPESINA, campesina» convierte así la imagen popular de la mujer campesina en una presencia escénica viva. Una figura femenina, sostén y matriarca de su tierra, procedente del pasado que regresa al espacio público para ser contemplada desde el presente, porque, en esencia, nunca llegó a desaparecer: permanecía en la memoria colectiva, a la espera de ser reconocida sin sesgo de género.
* Proyecto seleccionado en la Convocatoria de Proyectos Culturales CACT Lanzarote 2026 / 2027.
La creación escénica construye un universo visual y coreográfico donde tradición y contemporaneidad se entrelazan. Las danzas tradicionales canarias constituyen el sustrato desde el que se desarrolla un lenguaje escénico actual, mientras la imagen de la campesina protegida del sol de Lanzarote por la amplia luneta* de su gorra tradicional aporta el punto de partida de su narrativa visual y poética.
El espectáculo se articula, por tanto, en dos escalas complementarias. Canarias aporta el universo cultural y coreográfico que la pieza reinterpreta desde la danza contemporánea. Lanzarote aporta su raíz visual, paisajística y emocional: las gorras características de las campesinas lanzaroteñas, la indumentaria tradicional, la relación con la tierra y la memoria insular. Es también la isla natal de Quino Falero, creador y director de la obra, por lo que el proyecto nace de una vinculación personal con ese imaginario.
No se trata de reproducir el folclore ni de reconstruir de manera literal una faena agrícola. La obra parte de esa herencia para transformarla mediante el movimiento, la composición escénica, la música original y la presencia de dos mujeres que encarnan una memoria reconocible y, al mismo tiempo, abierta a una lectura contemporánea.
Concebida como espectáculo de calle, la pieza se representa bajo la luz natural. El sol y las sombras forman parte deliberada de su lenguaje: acompañan a unos cuerpos que evocan el trabajo al aire libre y permiten que cada representación establezca una relación singular con el espacio y con el momento del día.
* El investigador Ricardo Reguera, autor del estudio especializado Indumentarias y textiles de Lanzarote, distingue claramente la sombrera, realizada con palmito o paja, de la gorra elegida por Quino Falero para el espectáculo: tocado de tela compuesto por capucha, una gran visera pespunteada —también llamada luneta— y una capita que cae sobre los hombros. Reguera precisa que la gorra blanca es «conocida como gorra de soltera», denominación asociada a su uso especialmente frecuente entre niñas y mujeres jóvenes, asociándose a las solteras, aunque el estado civil no determinaba de manera absoluta el empleo de la prenda.
Ambas son portadoras de la memoria insular. A través del movimiento evocan el trabajo en el campo, la resiliencia de la mujer campesina y el paisaje humano de la isla. Sus cuerpos trasladan al presente unos gestos, unos ritmos y una relación con la tierra que forman parte de la memoria colectiva.
Las campesinas ocupan un mismo espacio y construyen una imagen dual. El blanco y el negro no las distancian: establecen un juego de contraste, correspondencia y complementariedad. Son dos figuras distintas y, al mismo tiempo, dos expresiones de una misma memoria femenina, necesaria para comprender el presente y capaz de ejercer una función reflexiva y sanadora.
La danza contemporánea transforma el legado tradicional sin borrarlo. La música original de Benito Cabrera acompaña ese tránsito entre memoria y creación actual, mientras la luz natural proyecta sobre el suelo una segunda escritura: las sombras móviles de las intérpretes expuestas al sol.
«CAMPESINA, campesina» convierte así la imagen popular de la mujer campesina en una presencia escénica viva. Una figura femenina, sostén y matriarca de su tierra, procedente del pasado que regresa al espacio público para ser contemplada desde el presente, porque, en esencia, nunca llegó a desaparecer: permanecía en la memoria colectiva, a la espera de ser reconocida sin sesgo de género.
«CAMPESINA, campesina» recupera la memoria de esas mujeres que participaron activamente en el trabajo de la tierra y que, junto con los cuidados, la organización familiar y la transmisión de conocimientos, sostuvieron buena parte de la vida cotidiana de las comunidades insulares.
La obra dirige la mirada hacia una labor indispensable que, con frecuencia, quedó integrada en la normalidad doméstica y rural sin recibir un reconocimiento equivalente a su importancia. La campesina no aparece como una figura secundaria ni como una estampa decorativa, sino como una presencia central en la construcción material, afectiva y cultural de la isla.
Desde esta perspectiva, la propuesta permite hablar de un matriarcado de supervivencia. No como un sistema institucional en el que las mujeres ejercieran formalmente el poder, sino como una centralidad femenina nacida del trabajo, la responsabilidad, la transmisión de saberes y la capacidad de sostener la vida comunitaria.
Ese matriarcado se manifiesta sin proclamaciones. Está inscrito en la constancia, en la administración de recursos escasos, en el conocimiento del territorio y en los gestos transmitidos entre generaciones. La obra rescata esa fuerza femenina silenciosa y la convierte en movimiento, imagen y presencia pública.
Las dos protagonistas —una campesina de blanco y una campesina de negro— no representan únicamente a dos mujeres concretas. Encarnan una genealogía femenina y dos rostros complementarios de la memoria insular. A través de ellas, el trabajo cotidiano adquiere una dimensión poética y el cuerpo se convierte en territorio de transmisión.
La danza contemporánea permite traer esa memoria al presente sin inmovilizarla en una reconstrucción folclórica. Las danzas tradicionales canarias proporcionan la raíz; la imaginería de Lanzarote, su identidad visual y poética. Entre ambas dimensiones se construye una obra que reconoce a las mujeres campesinas no solo como habitantes del territorio, sino como una de las fuerzas que contribuyeron decisivamente a sostenerlo y transformarlo.
La música original de Benito Cabrera acompaña el encuentro entre memoria y contemporaneidad.
Su trayectoria como timplista, compositor y estudioso del folclore canario aporta a la obra un conocimiento profundo de la tradición musical de las islas y, al mismo tiempo, una amplia experiencia en su apertura hacia otros lenguajes y formaciones.
Las composiciones de Benito Cabrera para acompañar el espectáculo establecen un diálogo con la raíz popular de la propuesta: aporta memoria, pulso y materia emocional al encuentro entre las danzas tradicionales canarias y el lenguaje expresivo de la danza contemporánea.

Una de las particularidades que hacen de esta propuesta algo especial es su vocación participativa y de creación de vínculos entre el público, el arte en movimiento y sus artistas.
Al finalizar cada representación, las intérpretes ofrecerán un breve taller práctico al público sobre danzas tradicionales canarias. Este componente convierte la experiencia en algo cercano, accesible y enriquecedor, fomentando la implicación activa del espectador y promoviendo una experiencia más cercana, inclusiva y educativa para el público.
El encuentro tendrá una duración máxima de 30 minutos y se adaptará a las condiciones del espacio, al perfil del público y al tiempo disponible dentro de la programación.
Podrá desarrollarse como:
La actividad permite aproximarse a la obra desde la experiencia directa y comprender cómo un gesto cotidiano o tradicional puede convertirse en material coreográfico para la creación escénica, desde la visión de dos profesionales de prestigio en la coreografía e interpretación dancística.

La versión puede resultar adaptable ante situaciones especiales, con una posibilidad de reducción a 30 minutos cuando lo requiera la programación.
Espacio: exterior; plazas, patios, espacios patrimoniales y otros emplazamientos adecuados para artes de calle.
Suelo: Piso firme, sin imperfecciones ni irregularidades notables.
Superficie mínima: 25 m². Con dimensiones recomendadas: 6 × 5 metros.
Horario: funciones de mañana o de tarde.
Iluminación: exclusivamente luz natural. No requiere iluminación escénica eléctrica.
Sonido: música grabada, reproducida mediante un sistema de sonorización adecuado a las características y aforo del espacio, que será aportado por la entidad programadora.
Actividad de mediación opcional: clase o charla magistral, con una duración máxima de 30 minutos, también adaptable a 20.
Mediación: cuando se contrate esta actividad, la sonorización incluirá un micrófono de diadema o de solapa.
(otros detalles en el dosier)
